septiembre 23, 2012

El factor machismo



Recuerdo muy bien aquel primer programa de ‘El valor de la verdad’. Había visto la versión colombiana y sentía curiosidad por la forma en la que se realizaría en nuestro país. Me pareció un programa sumamente gracioso, no creí en nada de lo que se dijo esa noche, pero era material suficiente para comentar y trollear. Reía y al mismo tiempo me deprimía por la tan mala calidad de nuestros programas de televisión.
Esa noche se presentó Ruth Thalía Sayas, una joven universitaria que, entre otras cosas, confesó haber trabajado en un nightclub, haberse prostituido, avergonzarse de sus padres e incluso, que era bisexual, lo mejor de la comidilla sensacionalista con la que un periódico de cincuenta céntimos puede trabajar. En ese set, junto a los abnegados padres de la chica de 19 años, se encontraba Bryan Romero, su enamorado. En aquel episodio, Ruth aseguró estar con él solo hasta conseguir un mejor partido, y que a pesar de tenerle cariño sentía que él era poca cosa para ella, todo sumado a las anteriores confesiones.
Fuera verdad o mentira lo que se dijo, Bryan se convirtió en el bufón de las redes por dos días (lo convirtieron en meme). Además de la vergüenza pública, se sabe ahora que Ruth no le quiso dar parte del dinero ganado esa noche a pesar de que se lo había prometido. Bryan declaró días después a una revista que ellos dejaron de ser enamorados cuando él se enteró del verdadero empleo de Ruth (bailarina en un nightclub) y que ella le prometió darle dinero para el motor de su mototaxi si él se presentaba frente a Beto Ortiz diciendo que seguían siendo pareja. Aquella revista mostró esas declaraciones como el último gran trabajo de su equipo de investigación. Pff!
Nada hacía pensar que meses después estos dos personajes se verían envueltos en un espeluznante crimen. ¿Beto Ortiz tiene la culpa? ¿O tal vez nuestra televisión basura? ¿Tendrá que ver la gente que no diferencia los shows de televisión de la realidad? Muy poco, casi nada.
La muerte de Ruth es consecuencia de ese mal que aún no se despega de nuestra sociedad, el machismo. Ese machismo que impide la igualdad de oportunidades, ese machismo amigo de los prejuicios, ese machismo que auspicia certámenes femeninos de belleza, ese machismo que golpea con puñetes y cachetadas, ese machismo que llega a asesinar.

Muestras simples y comunes
El machismo existe desde aquel momento en que se decidió en la gran mayoría de las culturas que sea un hombre y no una mujer, quien dirija la organización de cualquier sociedad. Formato que se mantuvo por siglos, desde la arcaica educación escolar exclusiva para varones, pasando por la postura católica del sacerdocio masculino único, hasta la ausencia presionada de la mujer en temas políticos. Algunas de esas cuestiones se han superadocon el tiempo, siempre marcando un hito en la historia, esa historia donde el varón corrió solo por mucho tiempo porque quiso. 
“Yo no soy machista”, dirán siempre todos. Pero todos lo somos, un poco al menos. Es de esas cosas que existen y parecen tan normales que nadie le toma importancia. Tengamos cuidado.
Las actitudes machistas se ven en diferentes aspectos de nuestra vida: gente que no vota por una mujer, por serlo; la publicidad de cerveza, discotecas, etc.; la venta de autos en un motorshow; los programas de TV que enfrentan a hombres y mujeres en busca del sexo fuerte verdadero; y una larga lista. No es lo mismo que hace veinte años, o al menos es menos perceptible que hace veinte años, pero, eso no significa un avance.
Una de las manifestaciones más claras de machismo, desde mi parecer, son los certámenes de belleza. La comprobada presión a la que son sometidas sus concursantes para participar (cirujías plásticas, por ejemplo)  y los anticuados requerimientos que deben cumplir son totales muestras de lo que hablamos. Recuerdo ahora un caso.
La Miss Perú Mundo o Universo, no la que dijo tonterías sobre los gays, sino la otra, la que fue apodada ‘conejita’, Cindy Mejía, fue despojada de su corona y obligada a decirle a los programetes del mediodía que renunciaba por el bien de su familia. ¿Qué pasaba? Cindy no había reportado al comité organizador del certamen de belleza que hace unos años participó en un concurso de ‘mejores colitas’ ni que posó vestida de ‘conejita’ para una amiga fotógrafa. Eso era inaceptable para los organizadores. En pleno siglo XXI se hablaba de como o no debía ser una reina, del como debía comportarse una chica bonita.
No viene al caso, pero ¿qué hubiese pasado si el concurso de ‘colitas’ se hubiera realizado en la discoteca Vocé y no en una playa de Ventanilla? ¿Hubiera pasado lo mismo? Hasta para ser machista, se es clasista y elitista. Solo ocurre acá, creo.

"Eso no se le hace a un varón"
Bryan asesinó a Ruth motivado por diferentes factores: su frustración por haber pasado la peor vergüenza que el ‘macho que se respeta’ puede soportar, el que haya sido por dinero, y eso mismo, el dinero. “Eso no se le hace a un varón”, dijo al programa del payaso Carlín. 
Antes de asesinarla, el cobarde se dio el lujo de abusar sexualmente de la muchacha, según sus recientes declaraciones. “Habían vendido su terrible verdad por televisión y él no recibía nada, solo burlas. Ella tenía quince mil soles, debía compartirlo, era lo justo”, debió haber pensado el susodicho. Luego de matarla, con ayuda de un tío, la enterró en un terreno baldío y cubrió su macabro trabajo con cemento. Tuvo la sangre fía de desmentirlo tres días antes del espeluznante descubrimiento.
La manera de actuar de Bryan solo es un ejemplo. La violencia doméstica contra la mujer es un cáncer que no se quiere despegar. Maridos golpeando a sus mujeres es, muchas veces, de los más común en muchas familias, tanto que a pesar de la caótica situación, los golpes y abusos no motivan denuncias ni separaciones, siendo los hijos de los más afectados, hijos que si no son bien guiados continuarán con el problema, extendiéndolo como el peor de los virus. Porque el machismo, sepámoslo bien, no es problema de hombres solamente, las mujeres que no dejan al violento con la excusa del no poder valerse por sí mismas, no solo tienen poca autoestima sino evidencian su posición machista.
Cuando estas muestras de violencia ocasionan desgracias como la de Ruth Sayas y Bryan es cuando recién muchas personas entienden que hay un problema grave. No solo promovamos la denuncia a aquellos gérmenes de nuestra sociedad, también busquemos una ley más rígida para el abusivo. La ley de feminicidio fue un avance, pero no es suficiente. Está en manos de todos. Tomemos conciencia, denunciemos, cambiemos de actitud.
El machismo no siempre va de la mano con lo anticuado, está más presente que lo pensado.

septiembre 05, 2012

La televisión peruana, la educación y la formación de una identidad nacional


1868. Una de las primeras medidas promovidas por el emperador Meiji, que cambió la vida de los japoneses, fue la revolución educativa. La educación primaria tenía que ser obligatoria, la intención era crear ciudadanos leales al emperador, pero sobre todo a su patria. El plan de estudios incluía matemáticas, lectura y escritura, composición, caligrafía japonesa, historia de Japón, geografía, ciencia, dibujo, canto y educación física, pero era el curso de educación moral el más importante, en el que se buscaba crear japoneses patriotas a carta cabal. Por otro lado, en las Universidades Imperiales, fundadas por Meiji, se buscaba crear ciudadanos decididos que contribuyan a la modernización del país.
Cómo vemos, una buena educación es el factor más importante en la evolución de un país. Más importante que aprender a preparar un buen cebiche es comprender la situación en la que se encuentra el sector educativo del Perú. Estudios internacionales indican que gran porcentaje de niños peruanos no comprenden lo que leen. Sin embargo, sin necesidad de estudios sabemos qué si se les pregunta a niños de diez años quién fue Miguel Grau, muchos dudarán de su respuesta, sucederá todo lo contrario si la pregunta responde a quienes son Paolo Guerrero o Joel Gonzales.

“que los niños sean capaces de recordar el nombre y las características de cientos de muñecos de Pokemón, pero sólo pueden retener el nombre de un par de ríos en el mundo es un claro indicador de que algo en la educación tradicional está fallando” [1]

Pero entendamos algo, la televisión es un medio con el cual convivimos desde hace décadas y qué nos sirve para mantenernos informados, entretenernos y aunque muchos lo nieguen, también para educarnos. Pero, el problema radica en el poco interés que muestran los grandes grupos televisivos de nuestro país por cumplir esta función. Claro, la Constitución de 1993, avala esa actitud. Según nuestra actual Carta Magna, los medios de comunicación trabajan como empresas y su función principal es el de entretener. Entonces, pedirle a la televisión que nos eduque ayudándonos a formar una identidad nacional es cómo pedirle a una empresa de galletas que nos venda betún.
Pero, desde la llegada de la televisión a nuestro país, el novedoso sistema se convirtió en objeto de deseo para los grupos de poder y sujeto de sospecha para el sector educativo. Se tenía que aprovechar el poderoso nuevo medio de comunicación para llegar a donde el Estado no podía ni quería llegar. Fue así que los contenidos informativos y propagandísticos antecedieron al entretenimiento lúdico, hoy requisito ineluctable asociado al éxito comercial de los programas. Resulta anecdótico recordar que las primeras transmisiones ocurridas en 1958 hayan sido hechas desde la sede del Ministerio de Educación. Esta paradoja se inscribe en una tensa y ambigua relación, casi de amor-odio, que han sostenido desde siempre la televisión y la educación en la pantalla nacional.

Curiosas determinaciones
Es fácil para cualquiera decir que lo que busca en televisión es encontrar programas de calidad que promuevan la cultura. Decir que vemos documentales sobre las serpientes en Animal Planet o que somos seguidores del programa de Marco Aurelio Denegri nos ubica en un hipócrita estatus de televidentes responsables. Por otro lado, cuesta demasiado admitir que vemos el programa de chismes de farándula de Magaly Medina, que -“inexplicablemente”- es uno de los más vistos desde hace más de 15 años.
Cada vez que se ven encuestas sobre preferencias televisivas o deficiencias de la televisión nacional, se observa un deseo por los programas culturales. Pero, en Perú hay programas culturales en televisión del Estado, todos con baja sintonía. Entonces ¿por qué nos quejan de televisión basura cuando a la de temática cultural no le toman la mínima importancia? Parece que la publicidad juega acá su papel más importante.

“Los medios de comunicación en general y la televisión en particular les permitieron a las masas urbanas acceder a un consumo que llena su tiempo libre, ‘enseñándoles’ muchas cosas, proporcionándoles referentes para la conversación cotidiana, así como fruición a través de estéticas y relatos efectistas, facilistas, superficiales e inmediatos, muy distantes de la oferta cultural para las élites”. [2]

Entonces, cómo hacer para que la televisión de nuestros tiempos deje de llenarnos su programación de programas ‘basura’ y pueda experimentar promoviendo la cultura, que dejen de creer que trasmitiendo documentales de la National Geographic cumplen su cuota de educación. Pueden aprender a educar desde un programa concurso o una serie de televisión, pero caen en el juego del dinero y la publicidad y toda buena intención de buena televisión se queda en eso, meras intenciones.

Nuestros programas
Los diferentes programas de nuestra televisión se han acostumbrado a cumplir ciertas características. Han buscado entretener a su público, la mayoría de ellos ha perdido la identidad nacional, basándose en formatos extranjeros de televisión, estereotipos y toneladas de publicidad.
Por un lado están los programas cómicos nacionales, la gran mayoría apelaron y apelan a jugar con temas fáciles, con los que de alguna manera logran identificarse con muchos televidentes y así hacerlos reír con chistes baratos y poco pensados, mezclado con bofetadas y llegar así al corazón del pueblo.
La mayoría de los actores cómicos de nuestra televisión no provienen de escuelas o talleres de teatro, simplemente fueron “descubiertos por algún compadre a la vuelta de la esquina”[3], por Augusto Ferrando u otro caudillo del humor. Otra de los errores que cometen es la excesiva presencia de vedettes y bailarinas (no conozco al diferencia, pero así se aplica) con poco talento para la actuación y el recurrente travestismo y bromas sobre homosexualidad.
El machismo, la infidelidad, el subempleo y la discriminación son los temas más recurrentes en los programas populares de humor. Otros, como el de Carlos Álvarez, trabajan principalmente con temas políticos, pero cae la mayoría de veces en el mismo modelo de los anteriores. A diferencia de este último, ningún otro programa busca crear en sus televidentes una crítica social mediante el humor. Se conforman con ser vistos y publicitar cerveza y discotecas.
Por otro lado, están las series y novelas, géneros que en nuestro país se han trabajado mucho, que no es igual a haberse trabajado bien. El problema central es que muy pocas producciones representan en sus ficciones la realidad nacional. Muchas escapan del ambiente peruano y se inspiran en producciones norteamericanas o mexicanas, incluso en los últimos años se han producido remakes de historias extranjeras. Además, juegan con historias ya armadas, como el de la Cenicienta o La Bella y la Bestia.
Por una parte están las telenovelas juveniles, como Carmín y La AKdemia, las cuales plasman una realidad superflua y clasista. Estas historias muestran a jóvenes materialistas y a los que poco les importa el trabajo y la vida futura. Proyectan una ideología poco compartida por la mayoría de los peruanos. Una situación cliché es la presencia de una muchacha de ‘clase baja’ en una escuela de millonarios y que oculta su verdadera realidad.
Una telenovela que hizo un intento respetable de mostrar la realidad nacional en televisión fue Los de Arriba y los de Abajo. Rompió con lo mostrado antes, los escenarios y personajes representaban varios aspectos originales de la sociedad de la década del 90. La historia se centraba en un melodramático cuadrado amoroso de dos muchachos de clase alta y otros dos de clase media baja. Además, existían personajes como el provinciano superado, la provinciana exitosa, el rico despilfarrador, etc. La telenovela no cae en la famosa “resistencia[4]” que indica Jesús Martín Barbero en uno de sus libros. En la historia tomaron importancia eventos de trayectoria política y social: las estafas de CLAE, la postulación de Susy Díaz y la corrupción y despotismo en el gobierno de Fujimori.
En un momento, José Enrique Crousillat produjo telenovelas con guiones extranjeros, al parecer por indicación del gobierno de turno[5].  Luego de descubrirse los actos de corrupción de Crousillat, su hijo y la gestión de Fujimori, la productora cerró y no se volvieron a producir telenovelas con gran éxito comercial por un buen tiempo, hasta la llegada del boom de miniseries biográficas sobre folclóricas, cantantes de cumbia o futbolistas que en el momento se encontraban en su mejor momento comercial. Cómo si hoy se hiciera una miniserie sobre Paolo Guerrero o Kina. En nuestros días se están produciendo nuevas telenovelas, también con guiones extranjeros con realidades muy distintas a la nuestra.
Un caso especial es el de Al Fondo hay Sitio, serie que busca, al estilo de Los de Arriba y los de Abajo, representar la realidad social peruana con las diferencias de clase, pero cae en el uso de estereotipos y en la comedia barata, dejando de lado aquel primer propósito. Tiene rotundo éxito en la pantalla peruana y propone, queriéndolo o no, un “aprendizaje de roles sociales y la fijación de niveles de aspiraciones personales, vale decir, de comportamientos que sirvan de modelos imitables”[6] gracias a cómo los televidentes se identifican con los personajes.
Otros tipos de producciones fueron los programas concurso y de entretenimiento conducidos por personajes como Augusto Ferrando y su particular estilo para burlarse y humillar a los peruanos de clase baja en el desaparecido Trampolín a la fama; Laura Bozzo con un estilo parecido, pero en formato talk-show; Gisela Valcárcel y Magaly Medina en el chisme y la habladuría; y Raúl Romero y los chicos de Combate con su remedos de programas extranjeros, con los cuales relegan a las propuestas culturales de la televisión del Estado.

Velasco, un intento
Con el gobierno militar encabezada por Velasco Alvarado, la televisión pasó a manos del Estado. La acción fue sustentada por “razones de seguridad y por ser medios de educación masiva”.[7] 

“Por primera vez, un régimen político peruano sustentaba las potencialidades educativas de la televisión de forma explícita y argumentaba que para que esa educación sea posible, el Estado debía controlarla, tanto en su propiedad cuanto en su gestión, sus contenidos, su programación y hasta su publicidad”. [8]

La intención de Velasco era el proponer una programación educativa que eduque y fortalezca la identidad nacional, como lo hizo Meiji con Japón años atrás. El autoritarismo del presidente provocó desorganización en este aspecto, como la hubo en el Proyecto de Reforma Agraria. Todo quedó en eso, intención. Al igual que ahora, la televisión no fue pública, solo estatal, del gobierno.

Japón, interesante propuesta
En 1950, el canal de carácter público e independiente del gobierno NHK comenzó a emitir. Años después nace la primera emisora privada, JOAX-TV. Para lograr una mayor difusión se instalaron varios televisores en lugares públicos (como estaciones de tren o restaurantes), y se logró una importante popularidad del sistema.
Durante los primeros años la mayor parte de la programación de las cadenas eran programas internacionales. Pero a partir de los años sesenta comenzó a aumentar la producción propia. En la década de ochenta, más del 90% de los programas de televisión japonesa son producidos en ese país. El desarrollo del sistema propició el lanzamiento, por parte de NHK, de un segundo canal. Mientras que en el generalista emitiría informativos, cultura y programas de entretenimiento, en el segundo canal pasaría programación de carácter educacional.[ ]
Los japoneses deben pagar un impuesto anual para mantener NHK, que varía dependiendo del método de pago o del tipo de recepción de la señal, algo parecido a lo que se hace en Perú con la televisión codificada.
Japón y su programación buscan, de alguna forma, promover su cultura. Los programas no se basan en formatos extranjeros, en cambio, muchas veces venden sus formatos.

Conclusiones
Lo primero que tiene que hacer la televisión peruana es dejar de lado ese tema de la violación de la libertad de expresión y cosa parecidas, el pedirles que muestren programación de calidad y que busque representar la realidad nacional no tiene nada que ver con eso.
En los países “del primer mundo” educar es una de las funciones centrales de las televisiones públicas y un componente esencial para la dar licencias a televisoras privadas, lo que supone un marcado compromiso. En el Perú, sin embargo, a partir de la devolución de los canales y radios a sus antiguos concesionarios luego de la expropiación que hiciera en nombre del Estado el Gobierno de las Fuerzas Armadas entre 1968 y 1980, sumado a lo que dice nuestra Constitución (“los medios de comunicación son empresas…, su función es entretener) se asume que el rol educativo se vuelve deber exclusiva de los medios públicos y que los medios privados no tendrían por qué preocuparse de ese aspecto. La televisión pública peruana por su lado, no parece pública, es estatal y de gobierno, muchas veces cae solo en justificar los actos del presidente de turno cuando tiene propuestas interesantes en su programación y no los publicita como debería.

“Para tener una TV pública atractiva que “informe, inspire y eduque” y, además, desde su independencia y pluralismo contribuya a crear valores que consoliden el tejido social dándonos un sentimiento de pertenencia crítica a la sociedad de la que somos parte, son necesarias tres cosas: educar, educar y educar. Para ello la televisión tiene un papel fundamental que debería articularse armoniosamente con las instituciones educativas de la sociedad y con todos los sectores preocupados por el bienestar general, por el crecimiento intelectual de la población y por el mejoramiento de la calidad de vida, más allá de sus intereses particulares o sectoriales”.[9]

Tenemos que revalorar el papel de la televisión como medio de educación, si se le sigue tratando como un complejo aparato de anti-entrés y relajamiento, su uso se convertirá en una suerte de cadena cerrada, donde un eslabón son los malos programas; otro, los malos televidentes; otro, la publicidad; y otro, el mal concepto de educación.
A veces, como mencioné al inicio, se cree que en la televisión peruana no muestra programas culturales, cosa errónea, sí lo hace, pero no son vistos por muchos. En el canal del Estado, existen programas sobre arte, turismo, literatura, etc. que cuentan con baja sintonía, cosa contraria ocurre con los programas culturales extranjeros y nacionales de televisión codificada, los cuales cuentan con grandes auspiciadores. De este modo, hacer televisión que eduque y permita crecer en nuestra identidad tampoco tendría que entenderse como un acto de filantropía, sino como un rentable negocio con el que productores, consumidores y anunciantes, convivan felices en pos de brindar una mejor televisión.
Por otro  lado, lo que consta a producciones de ficción, se debería prestar más atención a guionistas peruanos con historias interesantes sobre la realidad nacional, no solo se tiene que proyectar remakes de telenovelas y series de otros países. El Perú es un país con mucho que mostrar, muchas personas se informan comúnmente por televisión, de todas clases sociales y no es justo que el estilo de vida de un solo grupo social sea el que se muestre como el peruano conjunto.
La solución no puede ser tan drástica, como la expropiación en el gobierno de Velasco, se cae en el riesgo de cometer los mismos errores. Lo que se debería promover es una alianza social. Lograr que los medios privados comprendan la situación educativa, que entiendan que sí su interés es simplemente ganar dinero, pueden invertir en cultura nacional. Pensar en una televisión que muestre todo lo que tiene el Perú en programas de todo tipo, saber que no necesitamos de los enlatados extranjeros para mantener audiencia, al estilo de Japón, producir programas que nos permitan reforzar nuestra identidad y entender lo que es ser peruano.



[1] PISCITELLI, Alejandro. Nativos digitales. Contratexto N°16. Lima: Fondo Editorial de la Universidad de Lima.
[2] QUIROZ, María Teresa. La edad de la pantalla. 2008. Lima: Universidad de Lima
[3] VIVAS SABROSA, Fernando. En vivo y directo. Lima: Universidad de Lima. 2001.
[4] BARBERO, Jesús Martín.  Televisión y melodrama. 1992. Bogotá: Tercer Mundo.
[5] FOWKS, Jacqueline. Suma y resta de la realidad. 2000. Lima: Fundación Ebert.
[6] PROTZEL, Javier. Procesos interculturales. Texturas y complejidad de lo simbólico. 2006. Lima: Fondo Editorial de la Universidad de Lima
[7] Decreto Legislativo N° 19020 del 9 de noviembre de 1971. En Normas Legales Lima, Volumen 61, p. 247
[8] PERLA ANAYA, José. La radiotelevisión: espectro de poder y del futuro. 1995. Lima: CICOSUL
[9] GIACOSA, Guillermo. “La TV y su papel en la lucha entre ‘el bien y el mal”. En: Le Monde diplomatique (edición peruana) Año II, Número 13, Mayo de 2008.

agosto 26, 2012

Gokú, amigo mío


Hace unas semanas se lanzó el teaser de la nueva película de Dragon Ball Z, cuyo estreno está previsto para el próximo año.  Gokú y compañía regresan y miles de nostálgicos estamos atentos a la llegada de tan magno evento para volver a vivir por unas horas aquellas emociones que solo un kame-kame-ha o una genkidama podían generar. Gokú es la imagen más recordada de la infancia de miles de jóvenes y adultos peruanos que seguían fielmente cada capítulo de la serie en una media hora simplemente genial. La historia del Super Saijajin nos tenía pegados al televisor deseando que nuestro héroe y los guerreros ‘Z’ lucharan contra los más grandes enemigos por el bien de la Tierra, a la espera de reír con las ocurrencias de los personajes y sentirnos uno de ellos al menos por un momento.
Dragon Ball empezó a trasmitirse en nuestro país en 1994, pero fue su retrasmisión en 1997 la que consiguió el mayor éxito para una serie japonesa en Perú, muy por encima de otras como Los Caballeros del Zodiaco o Pokemón. Las continuaciones de la serie, Dragon Ball Z y Dragon Ball GT, se convirtieron en verdaderos fenómenos. Revistas, álbumes, películas, posters, cards, ropa, muñecos, etc.
Me compré de todo.

Era un adicto que no tenía control: mi experiencia con Gokú y Vegeta

- Mamá, ¿qué pasó hoy en Dragon Ball?
- Vegeta mató a un monstruo verde.
- ¿Segura qué fue Vegeta?
- No lo sé, todos son iguales.

Corría el año 1997 cuando por primera vez vi un capítulo de la historia de Gokú. Me enganché de inmediato. Amaba ese programa, lo veía junto a mi madre. Era una época difícil, mis papás no vivían juntos y era hijo único. Tal vez, esa situación era la que ocasionara que me compraran el álbum oficial de la serie y terminara llenándolo. Mis padres se reconciliaron, me mudé, nació mi hermano, pero mi fanatismo por la historia del supersaijajin era el mismo.
El pequeño cuarto que tenía en mi nueva casa estaba repleto de posters, desde los que gané gracias a los cuatro o cinco álbumes que llené y los que mi padre me traía fielmente del trabajo. Coleccionaba los cards y compraba recortables. Tenía muñecos de todos los personajes. En Halloween de 1999 salí a pedir caramelos por las calles disfrazado de Gokú. Ese mismo año, pero en julio, un circo llegó a Lima: El circo de Dragon Ball. Era sorprendente, tenía que ir, era obligatorio. Mi hermano ya tenía un año y me daba gusto lo fanático que era para su edad, decía "ha!" cada vez que veía a Gokú en la tele. Lo cargué y fui a pedirle a papá que nos llevara. No era necesario que lo haga, cuando fui a verlo, él ya tenía entradas compradas. El circo aquel estaba ubicado en el Jockey Plaza y mi señor padre trabajaba ahí, las entradas se la regalaron como parte de una bonificación por fiestas patrias (eso recién lo supe hace poco, pero no importa). Aquel día fue simplemente genial, mi hermano y yo disfrutamos del show de actores chilenos disfrazados de nuestros héroes. El momento clave fue la fusión de Gokú y Vegeta, un inmenso juego de luces acompañó el acto, estaba fascinado, era fantástico. Ese suceso es hasta ahora inigualable, no porque era un niño de seis años que se sorprendía por cualquier cosa, sino porque en ese momento era un fanático viendo a sus héroes máximos, aunque hayan sido simples acróbatas extranjeros.
Los años siguientes no hicieron que deje de ser amante de la historia del saijajin. Era más grande, sí, ya no bailaba con el intro, pero no olvidaré mi cumpleaños número siete y el regalo que me dieron mis papás ese día. Me regalaron un walkman, uno de esos ya prehistóricos aparatos de Sony que reproducían cassettes. En la bolsa de regalo me esperaba un cassette especial: uno con todas las canciones de la serie. Era el regalo perfecto. Pasaba los días de aquel año cantando "el cielo resplandece a mi alrededor". Gastaba pilas por montón. Y ni que decir de las navidades, creo que era uno de los pocos que tenía las siete esferas de juguete y a tamaño real.
Dragon Ball, Gokú, Vegeta, Krilin, Gohan, etc. son para mí elementos demasiado importantes de mi niñez. Siempre les agradeceré lo feliz que me hicieron.

Para quienes no conocen DB, por si las moscas

Dragon Ball está inspirada en la conocida novela china Viaje al Oeste (conocida también como Peregrinación al Oeste). La serie narra la historia de un alienígena de raza guerrera que llega a la Tierra con la tarea de destruirla y que logra escapar de la destrucción de su planeta. El saijajin (nombre de la raza) se llamaba Kakarotto. Fue encontrado y criado por un anciano que lo adoptó como nieto. El muchacho era muy agresivo, pues su naturaleza era esa. Un golpe en la cabeza hizo que perdiera la memoria (desde bebés, los saijajin sabían que son unos salvajes guerreros) y cambió su personalidad. Desde ahí, fue bueno. El anciano, llamado Son Gohan, lo bautizó como Gokú.
Años después, Gokú asesina accidentalmente a su abuelo luego de convertirse en un mono gigante, característica que adoptan los saijajin cada vez que ven la luna llena. Gokú ya lo había manifestado antes del fatídico hecho, por eso tenía muy claro que debía dormir temprano, medida de seguridad tomada por el anciano. Luego, Gokú empezó a vivir solo, guardando un regalo muy preciado de su abuelo, una esfera de cuatro estrellas. Las esferas son siete en total, y juntas permiten invocar a Shen-Long, un legendario dragón, que al ser liberado cumplirá cualquier deseo, el que fuese. Gokú lo desconocía.
La historia de DB inició con la inolvidable escena de Gokú conociendo a Bulma, una chica genio que busca las esferas. Desde ahí y al conocer el verdadero significado de las esferas del dragón inicia junto a su nueva amiga un viaje para recolectarlas. En el camino conocerá a personajes claves de la serie: Roshi, su maestro; Krilin y Yamcha, sus mejores amigos; y a Milk, quien se convertiría en su esposa.
Gokú viviría aventuras inimaginables, se enfrentaría a los más grandes enemigos, tendría familia, salvaría a la Tierra. Se enfrentaría a su pasado.
Luego, aparecen decenas de personajes, entre héroes y enemigos, destacando Vegeta, el príncipe de al raza saijajin, que luego de ser el principal enemigo de Gokú, se convierte en su más fiel compañero. Gokú tiene hijos, de los cuales sobresale Gohan, el mayor, quien fue entrenado por Piccolo, otro de los personajes que pasó de vil enemigo a respetable amigo. Miles de cosas que hacen una historia compleja y divertida.

Cosas que no se olvidarán

A lo largo de la historia de Gokú, hubo varios eventos que marcarían mi vida para siempre. Escogí algunos y aseguro que coincido con los que muchos guardan en su memoria.

En Dragon Ball:
Gokú versus Tao-Paipai: Nuestro héroe en su niñez venció a un asesino a sueldo que atormentaba a una aldea de indios. Tao-Paipai regresaría años después convertido en cyborg. 
La muerte de Krilin (1): El mejor amigo de Gokú murió asesinado por un demonio hijo de Piccolo Daima-Ku. La escena fue muy intensa. Gokú descubrió el cuerpo inerte de su amigo en la puerta del local del torneo de artes marciales en el que un día antes lucharon juntos.
Gokú vence a Piccolo Daima-Ku: Gokú logra vencer al demonio atravesando su cuerpo. Así, vengó las muertes del Maestro Roshi y sus amigos Krilin y Chaoz. Luego de eso, logra conocer a Kami-Sama.

En Dragon Ball Z:
Muerte de Gokú: Piccolo, el hijo de Piccolo Daima-Ku, asesina a Gokú y a Raditz, luego que el primero se lo pidiese. Raditz era el hermano de Gokú que llegó a la Tierra en su búsqueda.
Muerte de Piccolo (1): Luego de la muerte de Gokú, Piccolo se hizo cargo de entrenar a su hijo Gohan, pues Raditz pronosticó la llegada de Vegeta y Nappa, dos saijajines más. Piccolo logró cambiar su alma maligna gracias al cariño de padre que llegó a sentir por Gohan. Incluso, dio su vida por él. Interpuso su cuerpo cuando Nappa intentó asesinar al hijo de Gokú. La escena fue simplemente desgarradora. “Señor Picccolo, Señor Piccolo”, gritaba Gohan en vano frente al cuerpo de su maestro.
La batalla con Vegeta: Vegeta, el príncipe de los saijajin, tuvo una intensa batalla con Gokú, quien regresaba de la muerte y de ser entrenado por Kaio-Sama.
Muerte de Krilin (2) / Gokú es super-saijajin: Tras la muerte de Piccolo, las esferas desaparecieron. Para recuperarlas, Krilin, Gohan y Bulma viajan al planeta de origen de Kami-Sama sin saber que era invadido por un maligno enemigo, Freezer, quien paradójicamente fue quien destruyó el planeta de los saijajin. El malvado asesina a Vegeta y Krilin. Es la segunda muerte de su amigo la que provoca que pueda convertirse en super-saijajin. La emoción desbordó en las casas de todos mis amigos.
Gokú vence a Freezer: Luego de una intensa batalla, Gokú super-saijajin logra vencer al malvado amo del universo.
Gohan es super-saijajin / Gohan vence a Cell: Un nuevo enemigo aparece. El monstruo Cell tiene el mismo ki (fuerza) que Gokú, pues, sus creadores lo formaron para que pueda derrotarlo. Gokú sacrificó su vida y la de Kaio-Sama para derrotarlo, pero no pudo. Fue Gohan, transformado en super-saijajin, quien venció a la bestia. 
Sacrificio de Vegeta: Varios años después, Vegeta, quien se quedó en la Tierra y se casó con Bulma, estaba frustrado por haber sido superado por Gokú y Gohan. Por eso aceptó ser controlado por Babidi, un malvado hechicero que solo quería revivir a Majin Bu, otro demonio poderoso. Tras ver el error que cometió, Vegeta olvidó su orgullo y sacrificó su vida para salvar a la Tierra, aunque no fue de mucha ayuda, pues Majin Bu solo fue poco afectado. Esa vez fue la primera que manifestó amor por su esposa y su hijo Trunks, además, aceptó la amistad de Gokú.

En Dragon Ball GT:
Muerte de Piccolo (2): Luego de varios años, Piccolo sacrifica su vida y muere junto a la Tierra para que las esferas malignas desaparezcan para siempre. Antes de eso se despidió de Gokú y de Gohan, quien nuevamente sufría la pérdida de su maestro en una escena simplemente desgarradora.
Gokú se fusiona con las esferas: El último capítulo de la serie fue simplemente enternecedor. Gokú acompaña a Sheng-Long, pues murió para poder pedir un último deseo. Dio su alma a cambio de la vida de todos los terrícolas que murieron en la última batalla de la historia frente al Dragón maligno de las esferas. Solo Vegeta se percata. Gokú se despide de sus amigos Roshi, Krilin y Piccolo. Se va y se fusiona con las esferas. Cien años después el alma de Gokú observa una batalla de su tataranieto. Así termina la historia de Dragon Ball.

Lo que hacía genial ver a Gokú

La historia de Dragon Ball logró miles de seguidores en nuestro país gracias a lo complejo de una historia que involucraba excelentemente diferentes formas de ver el mundo. Muchos aspectos de la creencia popular eran plasmados en la historia de una manera particular para el mundo que poco conoce de la cultura asiática. El personaje de Kami-Sama es equivalente a Dios, en cristiano. En la historia, este personaje mantiene una constante y magnífica relación con varios terrícolas. 
Otra cosa son las tan bien construidas personalidades de los protagonistas. En lo personal, los personajes de Vegeta y Piccolo son mis favoritos. Ambos personajes llegaron a la serie como villanos, pero se descubrió luego que ambos eran seres de buen corazón que cargaban consigo sentimientos de otros. 
Piccolo creció convencido que Gokú era el asesino de su padre. Nadie lo crió, el joven nameku vivió en el bosque solo, frustrado por la carencia de amor, y eso endureció su corazón. Pero, la convivencia con Gohan hizo que mostrara su verdadera personalidad, él no debía llevar el odio que dominó a su malvado padre, lo entendió y se convirtió en amigo de Gokú. 
Algo parecido sucedió con Vegeta, el príncipe orgulloso. Vegeta creció pensando que era invencible, fue Gokú quien lo bajó de su nube. Su frustración era tal que por el medio que fuera necesario buscaba demostrar que era más poderoso. La amistad de Gokú y el amor de Bulma permitieron que deje la arrogancia de lado. Eso sí, su carácter fue siempre el mismo: "maldito insecto".
Ahora, sigo a la espera de la nueva película de Dragon Ball, sé que me gustara, lo presiento.

agosto 15, 2012

Cinco años


Fue la primera vez que viví un terremoto. No puedo compararlo con lo que pudieron sentir los iqueños, pero, en serio, fue terrible. Es una lástima que se haya aprendido poco desde ahí. No sé si reírme de los que prefieren escribir "Temblorrrrr!" en Facebook en lugar de buscar refugio. Es necesario tener presente que nadie puede acertar la fecha exacta de un nuevo sismo y mucho menos la intensidad. Debemos estar preparados para todo. 
Recuerdo que en los días que le siguieron al terremoto las réplicas me tenían tenso, hasta el pasar de un auto frente a mi casa me hacía saltar.
Ahora, es lamentable el estado de las ciudades afectadas. Han pasado cinco años y no perecen ese abandono. A ponerse las pilas, la corrupción del gobierno pasado tal vez tuvo la mayor culpa, pero, nuestra falta de prevención tiene su cuota importante.

Comenta tu experiencia.

15 de agosto de 2007

Tenía 14 años y cursaba el cuarto de secundaria. Mi profesora de inglés pidió formar grupos para preparar platos extranjeros. Aquel 15 de agosto de 2007 me reuní con aquel grupo a preparar flan de zanahoria. A las 6:30 de la tarde me despedí de mis amigos y me dirigí a casa. Caminaba pensando en la cena. De pronto vi como una torre de ladrillos de una ferretería, ubicada a dos cuadras de mi hogar, caía. Luego, un vecino mío, un niño de cinco años, gritaba "temblor, temblor". "¿Por qué gritas?", le dije.

Un terremoto de 7.9 grados en la escala de Richter afectó al departamento de Ica. El epicentro se localizó a 40 kilómetros al oeste de Chicha Alta. El siniestro se registró a las 6 de la tarde con cuarenta minutos y tuvo una duración de dos minutos con cincuenta y cinco segundos. Fue uno de los terremotos más violentos ocurridos en nuestro país, pero no el más catastrófico.

Me detuve. El movimiento era bastante brusco, no sabía qué hacer. ¿Quedarme dónde estaba? ¿Correr a mi casa? La madre de mi vecinito llegó donde estábamos, lo abrazó y besó. A mí ni caso me hizo. Corría atrás de ella. Parado en una tienda decidí correr a mi casa. La tierra seguía moviéndose. Mi madre acompañada de una vecina me vio de lejos, preguntó si era yo, no podía verme bien, las luces de los postes y las casas estaban apagadas, tal vez un cortocircuito en algún lado, no lo sé.

El terremoto dejó 595 muertos, 2 291 heridos, 76 000 viviendas destruidas e inhabitables y más de 431 mil damnificados. Pisco, Ica, Chincha, Cañete y Huancavelica fueron las ciudades más afectadas. La magnitud destructiva del terremoto también causó grandes daños a la infraestructura que proporcionaba servicios básicos, como agua, luz, saneamiento, educación, salud y comunicaciones.

Mi madre me abrazó y recién ahí admití que me moría de miedo. Ella me contó que estaba apunto de calentar la comida cuando todo comenzó. mientras lo decía, sentíamos que todo se tranquilizaba. Mi perro ladraba y ladraba. "Vi una luz rara en el cuarto, creo que se cayó el televisor", dijo mi hermano. A nadie le importó en ese momento. Felizmente, no era verdad.

En el distrito chinchano de Tambo de Mora, el violento sismo destruyó las casas de adobe, mientras que las de material noble fueron destruidas por una aparente licuefacción del suelo, ya que se hundieron 2,1 metros sobre el nivel del suelo. La Reserva Nacional de Paracas fue seriamente afectada, pereciendo numerosos lobos marinos y la formación rocosa conocida como "La Catedral" quedó completamente demolida.

Mi hermana lloraba. Una vecina, que desde que conozco me cae mal por ser fanática religiosa, sugirió rezar en grupo. Lo hice para tranquilizarme, debo admitir que funcionó. No soy muy creyente, pero le agradezco a la religión el ayudarme a mantener la calma en esos momentos difíciles. Desconocía aún los datos del siniestro. Había pasado ya media hora y el esposo de mi prima llegaba de trabajar, la radio del carro lo había informado. "Fue en Ica", dijo al llegar.

En Ica, parte de la iglesia del Señor de Luren colapsó tras el movimiento sísmico al igual que el coliseo deportivo de dicha ciudad. Lo mismo ocurrió en la iglesia de San Clemente de Pisco, que se derrumbó mientras se realizaba una misa. Siendo el piano principal el que obstruyo la salida principal al colapsar la base que lo sostenia en la parte superior de la puerta. En el mismo Pisco, el movimiento sísmico destruyó la Iglesia de la Compañía, antigua iglesia jesuita, ubicada a una cuadra de la Plaza de Armas y la Iglesia de la Agonía en la plazuela Belén; los equipos de rescate lograron encontrar a dos personas con vida, pero se cree que la mayoría de los feligreses murió aplastada por los escombros. Cerca del 80% de esa ciudad fue arrasada por la catástrofe natural e incluso imágenes de la televisión mostraron decenas de cadáveres en las calles y plazas.

Comenté sobre el derrumbe de los ladrillos, no sabía que mi vecina era la enamorada del dueño. Ella decidió llamarlo por teléfono. Fue inútil. Las llamadas no entraban. Nadie podía comunicarse con nadie. "Entra a la casa y llama del fijo", dijo mi madre. "Pero, no hay luz", se lo recordé. Llamábamos a mi tía, a mi padre, a mi abuelo, pero, nada, comunicarse era imposible. Los celulares eran aparatos inservibles.

Las redes de telefonía fija y móvil colapsaron, mientras que la Carretera Panamericana sufrió el colapso de los terraplenes entre la zona denominada "Cabeza de toro" y la entrada a Pisco por el distrito de San Clemente, lo que ocasionó la fractura y desmoronamiento de la carpeta asfáltica y el agrietamiento de la zona que no se deslizó, con desniveles de hasta medio metro, quedando dañada y dificultando la movilización de vehículos hacia la zona. El puente Huamaní, sobre el río Pisco, sufrió varios daños de consideración, imposibilitando la entrada a la ciudad, obligando a los vehículos y personas a cruzar el río Pisco como medida alternativa.

Cenamos entre velas. Saqué un colchón y nos dormimos todos juntos en la sala sin habernos comunicado con mi papá, que debió enterarse de lo sucedido en Perú por televisión. Estábamos todos abrazados. Me percaté que mi madre no podía dormir. "¿Cómo estarán en Ica?", me preguntó. "Espero que no tan mal", le dije. 

Ica era un infierno.





agosto 12, 2012

Sin medallas una vez más



Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 culminaron con una majestuosa ceremonia de clausura que fue simplemente la cereza en la torta de una de los más grandes eventos de la historia. Desde la bella inauguración era fácil detectar que estos juegos serían súper entretenidos y les pondrían la mesa complicada a los habitantes de Rio en el 2016. Muchas cosas me quedaron ahora que han culminado. Ver correr a Bolt o nadar a Phelps serán experiencias irrepetibles, a pesar que haya sido por televisión.


Estados Unidos se consagró como el país con más medallas, muy por encima de su rival de siempre, China. Brasil no pudo alcanzar la medalla de oro en fútbol, México fue mejor, pero alcanzaron los honores en el voleibol femenino. Además un brasileño fue el primer sudamericano en ganar un oro en gimnasia. Argentina consiguió la presea dorada en taekwondo; Venezuela en esgrima; y Colombia en ciclismo BMX. Ecuador y Chile lograron honrosos cuartos lugares en halterofilia y gimnasia, respectivamente. Los deportistas peruanos regresaron sin medallas. ¿Por qué?

El caso de Colombia
Colombia culminó su participación en los Juegos Olímpicos con la nada despreciable cifra de ocho medallas ganadas, incluida una de oro.  El gobierno de ese país manejó un millonario presupuesto en la preparación de sus deportistas clasificados. Este interés por el deporte nació gracias a la iniciativa de la diputada María Isabel Urrutia, que curiosamente fue la primera deportista colombiana en ganar una medalla de oro (Sídney 2000). Su propuesta consistió en incrementar en un pequeño porcentaje el impuesto a la telefonía celular e invertir los ingresos en el deporte. Y es claro que tuvo éxito. Felicitaciones a los ganadores. Ejemplo a seguir.

¿Y Perú?
¿Por qué los deportistas peruanos regresan sin medallas?
Los deportistas nacionales no tuvieron mucha suerte en Londres como tampoco la tuvieron en Beijing, Atenas o Sídney. Los más grandes logros de los últimos años fueron que dos maratonistas acabaran dentro de los 25 primeros (Melchor en mujeres y Pacheco en varones) y el quinto lugar del taekwondista Peter López en Beijing (eliminado en primera ronda este año). Perú solo ha ganado una medalla de oro en su historia y tres de plata, incluida la de las matadoras de Seúl 1988.
El problema radica en algo que le hace la vida imposible al país desde siempre, la corrupción y el poco interés por la cultura y el deporte. ¿Cómo es posible que las federaciones de taekwondo y ajedrez funcionen en pequeñas oficinas alquiladas? Alquiler que en varias ocasiones los mismos deportistas pagan. Mientras, se invierten millones en construir un estadio al que solo futbolistas le dan gran uso. Boxeadores, gimnastas o atletas tienen un controlado poco tiempo para utilizarlo.
Viendo los Juegos muchos cuestionan que no haya selecciones nacionales de disciplinas como el básquet, gimnasia rítmica o waterpolo. Hay que comunicar que sí existen, y al igual que las selecciones de fútbol y voleibol merecen apoyo económico y auspicio de la empresa privada ante la poca atención del gobierno. Como vimos, no solo grandes potencias como Estados Unidos o Gran Bretaña consiguen medallas, nuestros vecinos colombianos nos demuestran que cuando se hacen bien las cosas los resultados son gratificantes.
Y lo más irónico son las ganas de nuestras autoridades de colgarse de los logros internacionales de los deportistas peruanos, dejando de lado que cuando necesitaron sus manos ni siquiera hubo el mínimo acercamiento. Y los peruanos tenemos mucho de esa hipocresía y gusto por colgarnos de los triunfos ajenos: apuesto que muchos dejarán de seguir el box femenino el día que Kina deje de ser campeona mundial. Los problemas desde la raíz. Medalla de oro al oportunismo.
Viene Río 2016, no diré más.