noviembre 01, 2012

Películas de miedo


Ya terminó la fiesta de Halloween y una de las actividades más comunes de esa fecha es la de ver películas de terror, ver aquellas películas en la que la gente muere a manos de algún psicópata, un monstruo torpe o un aparato con vida propia. El suspenso que logran ocasionar estas películas en los espectadores es bastante intenso, el clímax de la película casi siempre se acompaña con intempestivos saltos de temor y uno que otro grito. Muy bien, un género de respeto que cuando se realiza con una detallada producción logra resultados de calidad.

Ahora, a mí no me gustan. Las películas de terror no me gustan. Les tengo miedo. Y no creo que sea un cobarde, simplemente nunca busco que una película me asuste, prefiero otras materias de entretenimiento: la comedia, la ciencia- ficción, los dramas, etc.

Freud afirma que el hombre busca su autodestrucción, esa puede ser la razón por la que mucha gente, demasiada, decide embarcarse en experiencias que se sabe de antemano que van a despertar sensaciones negativas, tales como las que provoca una película de terror. Pero, yo creo que el exponerse a angustia, repugnancia y sustos no tiene relación con la falta de autoestima, creo que tiene relación con la excitación, o tal vez, la gente que gusta de ver sangre chispear en su pantalla está dispuesta a soportar el terror para gozar de un sentimiento eufórico de alivio en el final.

Eduardo Andrade (Universidad de California en Berkeley) y Joel B. Cohen (Universidad de Florida) afirman en una de sus teorías que las personas que adoran las películas de terror son felices de ser infelices, pues, aseguran que el hombre es incapaz de tener sensaciones negativas y positivas al mismo tiempo, lo que puede ocurrir es que unas produzcan a las otras. Un enredo. Las personas, según ellos, realmente pueden disfrutar siendo asustadas, no sólo por la sensación de alivio que experimentan cuando desaparece la amenaza. En ese sentido, los autores sostienen que los momentos más placenteros de un acontecimiento particular pueden ser también los que más miedo inspiren. Entonces, ver una película de terror es como lanzarse de un helicóptero con paracaídas. Interesante.

Pero, a pesar de eso, no me gustan las películas de miedo, aunque “El silencio de los inocentes”  no me desagradó, esa superó el patrón de selección de cosas que me agradan. Voy a continuación a dar una lista de cosas relacionadas a esto que son ciento por ciento verdaderas:

-          No he visto ninguna película de la saga de Actividad Paranormal.
-          Solo he visto Saw I.
-          No he visto ninguna película de Pesadilla en Elm Street.
-          Solo he visto la mitad de Sexto Sentido.
-          No he visto La profecía.
-          Le tengo miedo al capítulo de Garfiled llamado “El gato-lobo”.
-          Solo he visto “La Novia de Chucky” de toda la saga del muñeco asesino.
-          No he visto “Viernes 13”, “El Aro” ni “Sé lo que hicieron el verano pasado”.
-          No me llaman la atención “La Maldición”, “El ojo” o “Destino final” 1,2,3,4, 5…
-          No he visto la película española REC
-          Considero a Madeinusa, de Claudia Llosa, una película de terror.


OK, crean que soy raro por esto, en serio, lo soy. Feliz día de los muertos, lectores.



octubre 28, 2012

Amigo Boys, suerte


Este Tipo Raro es hincha de Sporting Cristal, no del Sport Boys, pero es imposible para mí no tenerle cariño al equipo de la ciudad en la que vivo. El Sport Boys, cuna de grandes jugadores, el equipo chalaco de camiseta rosada, está con pie y tres cuartos en la Segunda División de nuestro fútbol, de ese fútbol condenado a no ir a un mundial, de ese fútbol para el que solo existe Alianza y la U.




POBRE BOYS

Siempre es impactante que un equipo tradicional descienda, y esta no será la excepción, sino recordemos los deprimentes descensos de River Plate en Argentina y de la Juventus en Italia, por citar algunos casos de la última década. El Boys ya descendió en dos oportunidades, en 1987 y en el 2008, dejando un gran pesar entre los chalacos, a quienes les daba igual si el Atlético Chalaco o el polémico Total Chalaco participaran en el campeonato. El hincha rosado nunca abandonó a su equipo, lo siguió en Segunda hasta que ascendiera dignamente, y no comprando cupos a equipos de provincia, como la jugarreta de Kouri con el Total Chalaco y el gran presupuesto de la Universidad San Martín.
El Sport Boys es el más claro ejemplo de garra (disculpen, cremas). El equipo cuenta con uno de los presupuestos más bajos del Torneo desde el 2008, año en el que cayó en la peor crisis económica de su historia. La corrupción dentro de la dirigencia hizo que en ese año las deudas con la SUNAT, la Agremiación de Futbolistas y el IPD llegarán a picos impensables. Los jugadores no tenían ni un buen lugar para entrenar. El Boys se fue a la baja.
En el 2009, ya en Segunda División, el Boys luchó y luchó. La tía ‘Poco Floro’ y la Tía Pochita eran las primeras en apoyar al equipo del primer puerto del país. Todo el Callao estaba unido con la rosada. Un desaparecido Waldir Sáenz condujo por la línea de gol a un equipo por el que los auspiciadores no se interesaban (su sponsor era el Gobierno Regional del Callao). El Boys regresó a Primera con solo una temporada en ese campeonatucho al que llamamos Segunda División, ese que prácticamente no existe para la FPF y el IPD y que debería tomarse en serio.
El regreso a Primera no fue la solución, la administración de Karla Bozzo trajo más problemas que soluciones. No había dinero para contratar jugadores ni para pagarles a los ya contratados. No había donde entrenar, no había un médico en el club ni servicios básicos de higiene, la incomodidad era obvia, pero, así, el club consiguió mantenerse en el campeonato. Situación parecida durante todo el 2011.
‘Machito’ Gómez, ese gordito que fue acusado de asesinato, se convirtió en el primer referente de un equipo que miraba al 2012 como el año de la recuperación, el año en el que la rosada volvería a ser la de los viejos tiempos, se contrataron algunos jugadores con experiencias, la camiseta se renovó (en realidad, es igual a la alterna de la Juventus de Italia). Pero, nada funcionó. Los problemas continuaron, a tal punto, que los jugadores entrenaban en lozas deportivas de la municipalidad. Los malos resultados acompañaron al equipo y hoy está prácticamente condenado al descenso.
Tal vez esto servirá como lo que se merece la mala administración del club, pero El Callao y su pasión por el fútbol terminarán pagando los platos rotos. No habrá fútbol de Primera División en el puerto, al menos por un año. Son lamentables los niveles tan críticos a los que pueden llegar la corrupción y el poco poder de decisión.

EL SENTIMIENTO ROSADO

El Boys nació con fragancia a patria. Se fundó un 28 de julio de 1927 en el Callao, el primer puerto del país, por los alumnos del Colegio San José de los Hermanos Maristas.  Es por ello, sin duda, que muy pronto se metió en el corazón de los chalacos y se convirtió en el engreído de la mayoría, porque, solamente algunos de los porteños de antes seguían fieles a la tradición y a la reverencia ante el club decano del puerto: el Atlético Chalaco.
El hincha rosado es, ante todo, fiel. La Barra ‘Vamos Boys’ fue la primera en el Perú (1966) en alentar al equipo los noventa minutos sin parar, y la primera en acompañar a su equipo a sus presentaciones en provincias. Recordemos que en 1989, cuando el equipo se debatía entre los últimos lugares y como dijimos antes, descendió, los hinchas asistían masivamente al estadio, e incluso, mientras el Boys luchaba por volver a Primera, los partidos de local se jugaban en el Telmo Carbajo a estadio lleno y con cientos de espectadores más apostados en los techos de las casas vecinas o en los muros del estadio.
El Boys es también un caso muy particular dentro del fútbol peruano, en el sentido de que es el único equipo que, aparte de tener historia y tradición de equipo “grande”, tiene también un profundo arraigo regional, muy semejante al de  los equipos de provincias. Los hinchas del Boys son, en su inmensa mayoría, chalacos y es costumbre escuchar en cada partido el grito guerrero Chim Pum Callao. Por ejemplo, sería difícil oír tres hurras por La Victoria, Ate o el Rímac de Alianza Lima, Universitario o de mi amado Sporting Cristal, respectivamente. Sería imposible encontrar este importantísimo ingrediente regional en la hinchada de cualquier otro club nacional.
Por todo esto, te voy a extrañar en Primera, amigo Sport Boys. Mucha suerte.

octubre 15, 2012

El día que Bob Esponja me sorprendió

Ayer, después de mucho tiempo, me senté a ver un capítulo de Bob Esponja. Esa serie siempre me pareció graciosa y muy entretenida, y me sorprendió mucho ver un capítulo con tanta carga social dentro. Nunca había considerado a la historia de la esponja chillona y su tonto amigo estrella de mar como una serie de esas que critican el nuevo orden mundial político y social. Es algo común en Los Simpson, Padre de Familia, hasta en Phineas y Ferb, pero, lo que vi en Bob Esponja fue realmente de consideración, pues el mensaje fue claro, con las situaciones bien satirizadas y con las personalidades  muy bien marcadas.


En aquel capítulo llamado “La Última Batalla de Bob Esponja”, Bob Esponja y Patricio se encontraban jugando en el campo de medusas dando saltos poco masculinos cuando se percatan de un gigante letrero que anunciaba un nuevo proyecto: La Súper Carretera Shelly, que se construirá sobre el campo de medusas. Bob y la estrella se asustan, pues temen que su tan amado lugar de diversión se convierta en un montón de asfalto que destruirá la naturaleza y ahuyentará a las medusas. Al primero al que le solicitaron ayuda fue a Don Cangrejo, quien se manifestó a favor del proyecto, pues la carretera le traería más clientes y por ende, más dinero. Calamardo les dice que se preocupan demasiado. Bob descubre que el ingeniero detrás del proyecto de la Súper Carretera es Plancton, ese antenoso de un solo ojo que quiere la fórmula de la kangreburger. Don Cangrejo cambia de opinión cuando comienza a sospechar de Plancton.
Los amiguitos inician una campaña de concientización sobre la importancia del campo de medusas para Fondo de Bikini. No reciben el apoyo necesario. Bob y Patricio radicalizan la campaña, reparten volantes y hasta se disfrazan de hippies (Patricio lo fue todo en esa escena), pero la gente los rechaza y les lanza bolas de papel, el papel de los volantes. Plancton les dice que nada detendrá el proyecto porque fue aprobado en un referéndum y todo el pueblo estuvo de acuerdo.
Un grupo de policías detiene días después a Bob y Patricio por desorden público. La gente felicita la labor de la policía, quienes celebran como si fueran los ganadores del Oscar. La Súper Carretera finalmente se construye, a pesar que Bob y Patricio se echaron en la arena para evitar el asfaltado (los pasan por encima). Las medusas se van y ya no queda ninguna en los alrededores. Todo es oscuro en Fondo de Bikini. Al que le va peor es a Don Cangrejo, han pasado tres meses y como su restaurante quedó ubicado en uno de los soportes de la Súper Carretera, en ese tiempo no ha recibido ningún cliente. El cangrejo anuncia el cierre del local, dejando a Bob y a Calamardo sin trabajo. Calamardo se alegra, no verá a Bob a diario, mientras Don Cangrejo decide venderle la fórmula de la kangreburger a Plancton, y así sacar un poco de dinero.
Bob camina triste por la calle mientras ve la Súper Carretera, el cielo gris por tanto humo de carro, y a la gente (peces antropomorfos en realidad) que poca importancia le toma a la situación. Se encuentra con Patricio y los dos ven un evento inesperado: las medusas que tres meses atrás se alejaron de los alrededores de Fondo de Bikini regresaron en busca de su hábitat natural. Comenzaron a atacar electrocutando a todos los ciudadanos. Bob se tropieza y ve a Patricio inmóvil en medio de la calle, cuando piensa que será atacado por las medusas, estas no lo tocan. Las medusas no la hacen daño a ninguno de los dos.
Un grupo de medusas ataca a Plancton justo antes que Don Cangrejo le entregue la fórmula secreta. La gente comienza a reunirse asustada por el ataque. Bob les explica que todo se debe a lo mal que todos se portaron con la naturaleza al permitir que sobre ella se construya una autopista que lo único que ha hecho es contaminar la cuidad. Todos escuchan atentos el discurso de Bob, cuando Plancton lleno de ampollas se niega a la destrucción de la carretera advirtiendo que fue aprobado por votación popular.
Bob se sube a un tractor y con la ayuda de varios amigos se dispone a destruir la pista. Plancton se burla del poco éxito que vienen teniendo. En ese momento, todo Fondo de Bikini apoya la medida y enrollan la pista como un pionono con Plancton dentro. Todos celebran, el restaurante de Don cangrejo vuelve a abrir, el campo de medusas vuelve a verse verde y el cielo nuevamente es azul. Bob y Patricio se dan la mano, lograron derrotar la injusticia.

Ahora, ¿se les hace familiar esta situación? Creo que está claro. No hay mucho que decir.
La crítica directa a la falsa idea de progreso y la indiferencia a las causas sociales; y una simpática reflexión sobre las consecuencias hacen de este capítulo uno de antología.

Gracias Bob.

Pude conseguir un extracto del capítulo aquí. 

septiembre 23, 2012

El factor machismo



Recuerdo muy bien aquel primer programa de ‘El valor de la verdad’. Había visto la versión colombiana y sentía curiosidad por la forma en la que se realizaría en nuestro país. Me pareció un programa sumamente gracioso, no creí en nada de lo que se dijo esa noche, pero era material suficiente para comentar y trollear. Reía y al mismo tiempo me deprimía por la tan mala calidad de nuestros programas de televisión.
Esa noche se presentó Ruth Thalía Sayas, una joven universitaria que, entre otras cosas, confesó haber trabajado en un nightclub, haberse prostituido, avergonzarse de sus padres e incluso, que era bisexual, lo mejor de la comidilla sensacionalista con la que un periódico de cincuenta céntimos puede trabajar. En ese set, junto a los abnegados padres de la chica de 19 años, se encontraba Bryan Romero, su enamorado. En aquel episodio, Ruth aseguró estar con él solo hasta conseguir un mejor partido, y que a pesar de tenerle cariño sentía que él era poca cosa para ella, todo sumado a las anteriores confesiones.
Fuera verdad o mentira lo que se dijo, Bryan se convirtió en el bufón de las redes por dos días (lo convirtieron en meme). Además de la vergüenza pública, se sabe ahora que Ruth no le quiso dar parte del dinero ganado esa noche a pesar de que se lo había prometido. Bryan declaró días después a una revista que ellos dejaron de ser enamorados cuando él se enteró del verdadero empleo de Ruth (bailarina en un nightclub) y que ella le prometió darle dinero para el motor de su mototaxi si él se presentaba frente a Beto Ortiz diciendo que seguían siendo pareja. Aquella revista mostró esas declaraciones como el último gran trabajo de su equipo de investigación. Pff!
Nada hacía pensar que meses después estos dos personajes se verían envueltos en un espeluznante crimen. ¿Beto Ortiz tiene la culpa? ¿O tal vez nuestra televisión basura? ¿Tendrá que ver la gente que no diferencia los shows de televisión de la realidad? Muy poco, casi nada.
La muerte de Ruth es consecuencia de ese mal que aún no se despega de nuestra sociedad, el machismo. Ese machismo que impide la igualdad de oportunidades, ese machismo amigo de los prejuicios, ese machismo que auspicia certámenes femeninos de belleza, ese machismo que golpea con puñetes y cachetadas, ese machismo que llega a asesinar.

Muestras simples y comunes
El machismo existe desde aquel momento en que se decidió en la gran mayoría de las culturas que sea un hombre y no una mujer, quien dirija la organización de cualquier sociedad. Formato que se mantuvo por siglos, desde la arcaica educación escolar exclusiva para varones, pasando por la postura católica del sacerdocio masculino único, hasta la ausencia presionada de la mujer en temas políticos. Algunas de esas cuestiones se han superadocon el tiempo, siempre marcando un hito en la historia, esa historia donde el varón corrió solo por mucho tiempo porque quiso. 
“Yo no soy machista”, dirán siempre todos. Pero todos lo somos, un poco al menos. Es de esas cosas que existen y parecen tan normales que nadie le toma importancia. Tengamos cuidado.
Las actitudes machistas se ven en diferentes aspectos de nuestra vida: gente que no vota por una mujer, por serlo; la publicidad de cerveza, discotecas, etc.; la venta de autos en un motorshow; los programas de TV que enfrentan a hombres y mujeres en busca del sexo fuerte verdadero; y una larga lista. No es lo mismo que hace veinte años, o al menos es menos perceptible que hace veinte años, pero, eso no significa un avance.
Una de las manifestaciones más claras de machismo, desde mi parecer, son los certámenes de belleza. La comprobada presión a la que son sometidas sus concursantes para participar (cirujías plásticas, por ejemplo)  y los anticuados requerimientos que deben cumplir son totales muestras de lo que hablamos. Recuerdo ahora un caso.
La Miss Perú Mundo o Universo, no la que dijo tonterías sobre los gays, sino la otra, la que fue apodada ‘conejita’, Cindy Mejía, fue despojada de su corona y obligada a decirle a los programetes del mediodía que renunciaba por el bien de su familia. ¿Qué pasaba? Cindy no había reportado al comité organizador del certamen de belleza que hace unos años participó en un concurso de ‘mejores colitas’ ni que posó vestida de ‘conejita’ para una amiga fotógrafa. Eso era inaceptable para los organizadores. En pleno siglo XXI se hablaba de como o no debía ser una reina, del como debía comportarse una chica bonita.
No viene al caso, pero ¿qué hubiese pasado si el concurso de ‘colitas’ se hubiera realizado en la discoteca Vocé y no en una playa de Ventanilla? ¿Hubiera pasado lo mismo? Hasta para ser machista, se es clasista y elitista. Solo ocurre acá, creo.

"Eso no se le hace a un varón"
Bryan asesinó a Ruth motivado por diferentes factores: su frustración por haber pasado la peor vergüenza que el ‘macho que se respeta’ puede soportar, el que haya sido por dinero, y eso mismo, el dinero. “Eso no se le hace a un varón”, dijo al programa del payaso Carlín. 
Antes de asesinarla, el cobarde se dio el lujo de abusar sexualmente de la muchacha, según sus recientes declaraciones. “Habían vendido su terrible verdad por televisión y él no recibía nada, solo burlas. Ella tenía quince mil soles, debía compartirlo, era lo justo”, debió haber pensado el susodicho. Luego de matarla, con ayuda de un tío, la enterró en un terreno baldío y cubrió su macabro trabajo con cemento. Tuvo la sangre fía de desmentirlo tres días antes del espeluznante descubrimiento.
La manera de actuar de Bryan solo es un ejemplo. La violencia doméstica contra la mujer es un cáncer que no se quiere despegar. Maridos golpeando a sus mujeres es, muchas veces, de los más común en muchas familias, tanto que a pesar de la caótica situación, los golpes y abusos no motivan denuncias ni separaciones, siendo los hijos de los más afectados, hijos que si no son bien guiados continuarán con el problema, extendiéndolo como el peor de los virus. Porque el machismo, sepámoslo bien, no es problema de hombres solamente, las mujeres que no dejan al violento con la excusa del no poder valerse por sí mismas, no solo tienen poca autoestima sino evidencian su posición machista.
Cuando estas muestras de violencia ocasionan desgracias como la de Ruth Sayas y Bryan es cuando recién muchas personas entienden que hay un problema grave. No solo promovamos la denuncia a aquellos gérmenes de nuestra sociedad, también busquemos una ley más rígida para el abusivo. La ley de feminicidio fue un avance, pero no es suficiente. Está en manos de todos. Tomemos conciencia, denunciemos, cambiemos de actitud.
El machismo no siempre va de la mano con lo anticuado, está más presente que lo pensado.

septiembre 05, 2012

La televisión peruana, la educación y la formación de una identidad nacional


1868. Una de las primeras medidas promovidas por el emperador Meiji, que cambió la vida de los japoneses, fue la revolución educativa. La educación primaria tenía que ser obligatoria, la intención era crear ciudadanos leales al emperador, pero sobre todo a su patria. El plan de estudios incluía matemáticas, lectura y escritura, composición, caligrafía japonesa, historia de Japón, geografía, ciencia, dibujo, canto y educación física, pero era el curso de educación moral el más importante, en el que se buscaba crear japoneses patriotas a carta cabal. Por otro lado, en las Universidades Imperiales, fundadas por Meiji, se buscaba crear ciudadanos decididos que contribuyan a la modernización del país.
Cómo vemos, una buena educación es el factor más importante en la evolución de un país. Más importante que aprender a preparar un buen cebiche es comprender la situación en la que se encuentra el sector educativo del Perú. Estudios internacionales indican que gran porcentaje de niños peruanos no comprenden lo que leen. Sin embargo, sin necesidad de estudios sabemos qué si se les pregunta a niños de diez años quién fue Miguel Grau, muchos dudarán de su respuesta, sucederá todo lo contrario si la pregunta responde a quienes son Paolo Guerrero o Joel Gonzales.

“que los niños sean capaces de recordar el nombre y las características de cientos de muñecos de Pokemón, pero sólo pueden retener el nombre de un par de ríos en el mundo es un claro indicador de que algo en la educación tradicional está fallando” [1]

Pero entendamos algo, la televisión es un medio con el cual convivimos desde hace décadas y qué nos sirve para mantenernos informados, entretenernos y aunque muchos lo nieguen, también para educarnos. Pero, el problema radica en el poco interés que muestran los grandes grupos televisivos de nuestro país por cumplir esta función. Claro, la Constitución de 1993, avala esa actitud. Según nuestra actual Carta Magna, los medios de comunicación trabajan como empresas y su función principal es el de entretener. Entonces, pedirle a la televisión que nos eduque ayudándonos a formar una identidad nacional es cómo pedirle a una empresa de galletas que nos venda betún.
Pero, desde la llegada de la televisión a nuestro país, el novedoso sistema se convirtió en objeto de deseo para los grupos de poder y sujeto de sospecha para el sector educativo. Se tenía que aprovechar el poderoso nuevo medio de comunicación para llegar a donde el Estado no podía ni quería llegar. Fue así que los contenidos informativos y propagandísticos antecedieron al entretenimiento lúdico, hoy requisito ineluctable asociado al éxito comercial de los programas. Resulta anecdótico recordar que las primeras transmisiones ocurridas en 1958 hayan sido hechas desde la sede del Ministerio de Educación. Esta paradoja se inscribe en una tensa y ambigua relación, casi de amor-odio, que han sostenido desde siempre la televisión y la educación en la pantalla nacional.

Curiosas determinaciones
Es fácil para cualquiera decir que lo que busca en televisión es encontrar programas de calidad que promuevan la cultura. Decir que vemos documentales sobre las serpientes en Animal Planet o que somos seguidores del programa de Marco Aurelio Denegri nos ubica en un hipócrita estatus de televidentes responsables. Por otro lado, cuesta demasiado admitir que vemos el programa de chismes de farándula de Magaly Medina, que -“inexplicablemente”- es uno de los más vistos desde hace más de 15 años.
Cada vez que se ven encuestas sobre preferencias televisivas o deficiencias de la televisión nacional, se observa un deseo por los programas culturales. Pero, en Perú hay programas culturales en televisión del Estado, todos con baja sintonía. Entonces ¿por qué nos quejan de televisión basura cuando a la de temática cultural no le toman la mínima importancia? Parece que la publicidad juega acá su papel más importante.

“Los medios de comunicación en general y la televisión en particular les permitieron a las masas urbanas acceder a un consumo que llena su tiempo libre, ‘enseñándoles’ muchas cosas, proporcionándoles referentes para la conversación cotidiana, así como fruición a través de estéticas y relatos efectistas, facilistas, superficiales e inmediatos, muy distantes de la oferta cultural para las élites”. [2]

Entonces, cómo hacer para que la televisión de nuestros tiempos deje de llenarnos su programación de programas ‘basura’ y pueda experimentar promoviendo la cultura, que dejen de creer que trasmitiendo documentales de la National Geographic cumplen su cuota de educación. Pueden aprender a educar desde un programa concurso o una serie de televisión, pero caen en el juego del dinero y la publicidad y toda buena intención de buena televisión se queda en eso, meras intenciones.

Nuestros programas
Los diferentes programas de nuestra televisión se han acostumbrado a cumplir ciertas características. Han buscado entretener a su público, la mayoría de ellos ha perdido la identidad nacional, basándose en formatos extranjeros de televisión, estereotipos y toneladas de publicidad.
Por un lado están los programas cómicos nacionales, la gran mayoría apelaron y apelan a jugar con temas fáciles, con los que de alguna manera logran identificarse con muchos televidentes y así hacerlos reír con chistes baratos y poco pensados, mezclado con bofetadas y llegar así al corazón del pueblo.
La mayoría de los actores cómicos de nuestra televisión no provienen de escuelas o talleres de teatro, simplemente fueron “descubiertos por algún compadre a la vuelta de la esquina”[3], por Augusto Ferrando u otro caudillo del humor. Otra de los errores que cometen es la excesiva presencia de vedettes y bailarinas (no conozco al diferencia, pero así se aplica) con poco talento para la actuación y el recurrente travestismo y bromas sobre homosexualidad.
El machismo, la infidelidad, el subempleo y la discriminación son los temas más recurrentes en los programas populares de humor. Otros, como el de Carlos Álvarez, trabajan principalmente con temas políticos, pero cae la mayoría de veces en el mismo modelo de los anteriores. A diferencia de este último, ningún otro programa busca crear en sus televidentes una crítica social mediante el humor. Se conforman con ser vistos y publicitar cerveza y discotecas.
Por otro lado, están las series y novelas, géneros que en nuestro país se han trabajado mucho, que no es igual a haberse trabajado bien. El problema central es que muy pocas producciones representan en sus ficciones la realidad nacional. Muchas escapan del ambiente peruano y se inspiran en producciones norteamericanas o mexicanas, incluso en los últimos años se han producido remakes de historias extranjeras. Además, juegan con historias ya armadas, como el de la Cenicienta o La Bella y la Bestia.
Por una parte están las telenovelas juveniles, como Carmín y La AKdemia, las cuales plasman una realidad superflua y clasista. Estas historias muestran a jóvenes materialistas y a los que poco les importa el trabajo y la vida futura. Proyectan una ideología poco compartida por la mayoría de los peruanos. Una situación cliché es la presencia de una muchacha de ‘clase baja’ en una escuela de millonarios y que oculta su verdadera realidad.
Una telenovela que hizo un intento respetable de mostrar la realidad nacional en televisión fue Los de Arriba y los de Abajo. Rompió con lo mostrado antes, los escenarios y personajes representaban varios aspectos originales de la sociedad de la década del 90. La historia se centraba en un melodramático cuadrado amoroso de dos muchachos de clase alta y otros dos de clase media baja. Además, existían personajes como el provinciano superado, la provinciana exitosa, el rico despilfarrador, etc. La telenovela no cae en la famosa “resistencia[4]” que indica Jesús Martín Barbero en uno de sus libros. En la historia tomaron importancia eventos de trayectoria política y social: las estafas de CLAE, la postulación de Susy Díaz y la corrupción y despotismo en el gobierno de Fujimori.
En un momento, José Enrique Crousillat produjo telenovelas con guiones extranjeros, al parecer por indicación del gobierno de turno[5].  Luego de descubrirse los actos de corrupción de Crousillat, su hijo y la gestión de Fujimori, la productora cerró y no se volvieron a producir telenovelas con gran éxito comercial por un buen tiempo, hasta la llegada del boom de miniseries biográficas sobre folclóricas, cantantes de cumbia o futbolistas que en el momento se encontraban en su mejor momento comercial. Cómo si hoy se hiciera una miniserie sobre Paolo Guerrero o Kina. En nuestros días se están produciendo nuevas telenovelas, también con guiones extranjeros con realidades muy distintas a la nuestra.
Un caso especial es el de Al Fondo hay Sitio, serie que busca, al estilo de Los de Arriba y los de Abajo, representar la realidad social peruana con las diferencias de clase, pero cae en el uso de estereotipos y en la comedia barata, dejando de lado aquel primer propósito. Tiene rotundo éxito en la pantalla peruana y propone, queriéndolo o no, un “aprendizaje de roles sociales y la fijación de niveles de aspiraciones personales, vale decir, de comportamientos que sirvan de modelos imitables”[6] gracias a cómo los televidentes se identifican con los personajes.
Otros tipos de producciones fueron los programas concurso y de entretenimiento conducidos por personajes como Augusto Ferrando y su particular estilo para burlarse y humillar a los peruanos de clase baja en el desaparecido Trampolín a la fama; Laura Bozzo con un estilo parecido, pero en formato talk-show; Gisela Valcárcel y Magaly Medina en el chisme y la habladuría; y Raúl Romero y los chicos de Combate con su remedos de programas extranjeros, con los cuales relegan a las propuestas culturales de la televisión del Estado.

Velasco, un intento
Con el gobierno militar encabezada por Velasco Alvarado, la televisión pasó a manos del Estado. La acción fue sustentada por “razones de seguridad y por ser medios de educación masiva”.[7] 

“Por primera vez, un régimen político peruano sustentaba las potencialidades educativas de la televisión de forma explícita y argumentaba que para que esa educación sea posible, el Estado debía controlarla, tanto en su propiedad cuanto en su gestión, sus contenidos, su programación y hasta su publicidad”. [8]

La intención de Velasco era el proponer una programación educativa que eduque y fortalezca la identidad nacional, como lo hizo Meiji con Japón años atrás. El autoritarismo del presidente provocó desorganización en este aspecto, como la hubo en el Proyecto de Reforma Agraria. Todo quedó en eso, intención. Al igual que ahora, la televisión no fue pública, solo estatal, del gobierno.

Japón, interesante propuesta
En 1950, el canal de carácter público e independiente del gobierno NHK comenzó a emitir. Años después nace la primera emisora privada, JOAX-TV. Para lograr una mayor difusión se instalaron varios televisores en lugares públicos (como estaciones de tren o restaurantes), y se logró una importante popularidad del sistema.
Durante los primeros años la mayor parte de la programación de las cadenas eran programas internacionales. Pero a partir de los años sesenta comenzó a aumentar la producción propia. En la década de ochenta, más del 90% de los programas de televisión japonesa son producidos en ese país. El desarrollo del sistema propició el lanzamiento, por parte de NHK, de un segundo canal. Mientras que en el generalista emitiría informativos, cultura y programas de entretenimiento, en el segundo canal pasaría programación de carácter educacional.[ ]
Los japoneses deben pagar un impuesto anual para mantener NHK, que varía dependiendo del método de pago o del tipo de recepción de la señal, algo parecido a lo que se hace en Perú con la televisión codificada.
Japón y su programación buscan, de alguna forma, promover su cultura. Los programas no se basan en formatos extranjeros, en cambio, muchas veces venden sus formatos.

Conclusiones
Lo primero que tiene que hacer la televisión peruana es dejar de lado ese tema de la violación de la libertad de expresión y cosa parecidas, el pedirles que muestren programación de calidad y que busque representar la realidad nacional no tiene nada que ver con eso.
En los países “del primer mundo” educar es una de las funciones centrales de las televisiones públicas y un componente esencial para la dar licencias a televisoras privadas, lo que supone un marcado compromiso. En el Perú, sin embargo, a partir de la devolución de los canales y radios a sus antiguos concesionarios luego de la expropiación que hiciera en nombre del Estado el Gobierno de las Fuerzas Armadas entre 1968 y 1980, sumado a lo que dice nuestra Constitución (“los medios de comunicación son empresas…, su función es entretener) se asume que el rol educativo se vuelve deber exclusiva de los medios públicos y que los medios privados no tendrían por qué preocuparse de ese aspecto. La televisión pública peruana por su lado, no parece pública, es estatal y de gobierno, muchas veces cae solo en justificar los actos del presidente de turno cuando tiene propuestas interesantes en su programación y no los publicita como debería.

“Para tener una TV pública atractiva que “informe, inspire y eduque” y, además, desde su independencia y pluralismo contribuya a crear valores que consoliden el tejido social dándonos un sentimiento de pertenencia crítica a la sociedad de la que somos parte, son necesarias tres cosas: educar, educar y educar. Para ello la televisión tiene un papel fundamental que debería articularse armoniosamente con las instituciones educativas de la sociedad y con todos los sectores preocupados por el bienestar general, por el crecimiento intelectual de la población y por el mejoramiento de la calidad de vida, más allá de sus intereses particulares o sectoriales”.[9]

Tenemos que revalorar el papel de la televisión como medio de educación, si se le sigue tratando como un complejo aparato de anti-entrés y relajamiento, su uso se convertirá en una suerte de cadena cerrada, donde un eslabón son los malos programas; otro, los malos televidentes; otro, la publicidad; y otro, el mal concepto de educación.
A veces, como mencioné al inicio, se cree que en la televisión peruana no muestra programas culturales, cosa errónea, sí lo hace, pero no son vistos por muchos. En el canal del Estado, existen programas sobre arte, turismo, literatura, etc. que cuentan con baja sintonía, cosa contraria ocurre con los programas culturales extranjeros y nacionales de televisión codificada, los cuales cuentan con grandes auspiciadores. De este modo, hacer televisión que eduque y permita crecer en nuestra identidad tampoco tendría que entenderse como un acto de filantropía, sino como un rentable negocio con el que productores, consumidores y anunciantes, convivan felices en pos de brindar una mejor televisión.
Por otro  lado, lo que consta a producciones de ficción, se debería prestar más atención a guionistas peruanos con historias interesantes sobre la realidad nacional, no solo se tiene que proyectar remakes de telenovelas y series de otros países. El Perú es un país con mucho que mostrar, muchas personas se informan comúnmente por televisión, de todas clases sociales y no es justo que el estilo de vida de un solo grupo social sea el que se muestre como el peruano conjunto.
La solución no puede ser tan drástica, como la expropiación en el gobierno de Velasco, se cae en el riesgo de cometer los mismos errores. Lo que se debería promover es una alianza social. Lograr que los medios privados comprendan la situación educativa, que entiendan que sí su interés es simplemente ganar dinero, pueden invertir en cultura nacional. Pensar en una televisión que muestre todo lo que tiene el Perú en programas de todo tipo, saber que no necesitamos de los enlatados extranjeros para mantener audiencia, al estilo de Japón, producir programas que nos permitan reforzar nuestra identidad y entender lo que es ser peruano.



[1] PISCITELLI, Alejandro. Nativos digitales. Contratexto N°16. Lima: Fondo Editorial de la Universidad de Lima.
[2] QUIROZ, María Teresa. La edad de la pantalla. 2008. Lima: Universidad de Lima
[3] VIVAS SABROSA, Fernando. En vivo y directo. Lima: Universidad de Lima. 2001.
[4] BARBERO, Jesús Martín.  Televisión y melodrama. 1992. Bogotá: Tercer Mundo.
[5] FOWKS, Jacqueline. Suma y resta de la realidad. 2000. Lima: Fundación Ebert.
[6] PROTZEL, Javier. Procesos interculturales. Texturas y complejidad de lo simbólico. 2006. Lima: Fondo Editorial de la Universidad de Lima
[7] Decreto Legislativo N° 19020 del 9 de noviembre de 1971. En Normas Legales Lima, Volumen 61, p. 247
[8] PERLA ANAYA, José. La radiotelevisión: espectro de poder y del futuro. 1995. Lima: CICOSUL
[9] GIACOSA, Guillermo. “La TV y su papel en la lucha entre ‘el bien y el mal”. En: Le Monde diplomatique (edición peruana) Año II, Número 13, Mayo de 2008.