octubre 15, 2012

El día que Bob Esponja me sorprendió

Ayer, después de mucho tiempo, me senté a ver un capítulo de Bob Esponja. Esa serie siempre me pareció graciosa y muy entretenida, y me sorprendió mucho ver un capítulo con tanta carga social dentro. Nunca había considerado a la historia de la esponja chillona y su tonto amigo estrella de mar como una serie de esas que critican el nuevo orden mundial político y social. Es algo común en Los Simpson, Padre de Familia, hasta en Phineas y Ferb, pero, lo que vi en Bob Esponja fue realmente de consideración, pues el mensaje fue claro, con las situaciones bien satirizadas y con las personalidades  muy bien marcadas.


En aquel capítulo llamado “La Última Batalla de Bob Esponja”, Bob Esponja y Patricio se encontraban jugando en el campo de medusas dando saltos poco masculinos cuando se percatan de un gigante letrero que anunciaba un nuevo proyecto: La Súper Carretera Shelly, que se construirá sobre el campo de medusas. Bob y la estrella se asustan, pues temen que su tan amado lugar de diversión se convierta en un montón de asfalto que destruirá la naturaleza y ahuyentará a las medusas. Al primero al que le solicitaron ayuda fue a Don Cangrejo, quien se manifestó a favor del proyecto, pues la carretera le traería más clientes y por ende, más dinero. Calamardo les dice que se preocupan demasiado. Bob descubre que el ingeniero detrás del proyecto de la Súper Carretera es Plancton, ese antenoso de un solo ojo que quiere la fórmula de la kangreburger. Don Cangrejo cambia de opinión cuando comienza a sospechar de Plancton.
Los amiguitos inician una campaña de concientización sobre la importancia del campo de medusas para Fondo de Bikini. No reciben el apoyo necesario. Bob y Patricio radicalizan la campaña, reparten volantes y hasta se disfrazan de hippies (Patricio lo fue todo en esa escena), pero la gente los rechaza y les lanza bolas de papel, el papel de los volantes. Plancton les dice que nada detendrá el proyecto porque fue aprobado en un referéndum y todo el pueblo estuvo de acuerdo.
Un grupo de policías detiene días después a Bob y Patricio por desorden público. La gente felicita la labor de la policía, quienes celebran como si fueran los ganadores del Oscar. La Súper Carretera finalmente se construye, a pesar que Bob y Patricio se echaron en la arena para evitar el asfaltado (los pasan por encima). Las medusas se van y ya no queda ninguna en los alrededores. Todo es oscuro en Fondo de Bikini. Al que le va peor es a Don Cangrejo, han pasado tres meses y como su restaurante quedó ubicado en uno de los soportes de la Súper Carretera, en ese tiempo no ha recibido ningún cliente. El cangrejo anuncia el cierre del local, dejando a Bob y a Calamardo sin trabajo. Calamardo se alegra, no verá a Bob a diario, mientras Don Cangrejo decide venderle la fórmula de la kangreburger a Plancton, y así sacar un poco de dinero.
Bob camina triste por la calle mientras ve la Súper Carretera, el cielo gris por tanto humo de carro, y a la gente (peces antropomorfos en realidad) que poca importancia le toma a la situación. Se encuentra con Patricio y los dos ven un evento inesperado: las medusas que tres meses atrás se alejaron de los alrededores de Fondo de Bikini regresaron en busca de su hábitat natural. Comenzaron a atacar electrocutando a todos los ciudadanos. Bob se tropieza y ve a Patricio inmóvil en medio de la calle, cuando piensa que será atacado por las medusas, estas no lo tocan. Las medusas no la hacen daño a ninguno de los dos.
Un grupo de medusas ataca a Plancton justo antes que Don Cangrejo le entregue la fórmula secreta. La gente comienza a reunirse asustada por el ataque. Bob les explica que todo se debe a lo mal que todos se portaron con la naturaleza al permitir que sobre ella se construya una autopista que lo único que ha hecho es contaminar la cuidad. Todos escuchan atentos el discurso de Bob, cuando Plancton lleno de ampollas se niega a la destrucción de la carretera advirtiendo que fue aprobado por votación popular.
Bob se sube a un tractor y con la ayuda de varios amigos se dispone a destruir la pista. Plancton se burla del poco éxito que vienen teniendo. En ese momento, todo Fondo de Bikini apoya la medida y enrollan la pista como un pionono con Plancton dentro. Todos celebran, el restaurante de Don cangrejo vuelve a abrir, el campo de medusas vuelve a verse verde y el cielo nuevamente es azul. Bob y Patricio se dan la mano, lograron derrotar la injusticia.

Ahora, ¿se les hace familiar esta situación? Creo que está claro. No hay mucho que decir.
La crítica directa a la falsa idea de progreso y la indiferencia a las causas sociales; y una simpática reflexión sobre las consecuencias hacen de este capítulo uno de antología.

Gracias Bob.

Pude conseguir un extracto del capítulo aquí. 

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